La llegada de Alimentos y telas a comunidades indígenas de La Guajira no fue un simple acto de entrega, sino una apuesta integral por la dignidad, la memoria y el futuro de los pueblos originarios de este departamento.
Alimentos y telas:
Durante dos días de agenda en territorio, El departamento para la Prosperidad Social adelantó una jornada que combinó apoyo alimentario, entrega de insumos textiles y diálogo directo con las autoridades comunitarias.
El director del DPS, Mauricio Rodríguez Amaya, lideró las actividades en Riohacha, Manaure y Uribia, donde se concentró buena parte de las comunidades beneficiarias.
A través del programa Alimentos para la Vida y en alianza con el Ministerio de Agricultura, se distribuyeron cerca de mil apoyos alimentarios dirigidos a hogares en situación de vulnerabilidad. Así, los Alimentos y telas se convirtieron en herramientas concretas para aliviar el hambre y, al mismo tiempo, fortalecer las economías locales.
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Las entregas se realizaron Así:
En la comuna 10 de Riohacha, centenares de familias recibieron paquetes alimentarios básicos, mientras que la comunidad indígena Wiwa fue priorizada con una importante cantidad de apoyos y rollos de telas blancas. En los resguardos Jiisentira, en Uribia, e Isashimana, en Manaure, también se adelantaron entregas de Alimentos y telas que responden a una necesidad urgente: garantizar acceso a comida suficiente y adecuada en zonas históricamente golpeadas por la pobreza y la desatención estatal.
Las telas, incautadas previamente por la DIAN, fueron reasignadas a estas comunidades como una medida que combina justicia social y aprovechamiento responsable de bienes retenidos.
No se trata solo de insumos para la confección, sino de materiales que permiten mantener viva la tradición del tejido, especialmente entre las mujeres wayuu, quienes han construido, a través de sus manos, un lenguaje propio para contar la historia de su territorio. En este contexto, los Alimentos y telas adquieren un valor simbólico: nutren el cuerpo, pero también sostienen la identidad cultural.
Durante la jornada, Rodríguez Amaya destacó que estas acciones se enmarcan en una política que busca avanzar en la seguridad y soberanía alimentaria del llamado Gobierno del Cambio, con énfasis en comprar al campesino, dinamizar los mercados regionales y priorizar a las familias más vulnerables.
El trabajo en La Guajira se articula, además, con la Ruta Étnica, que ha permitido caracterizar a más de 500 comunidades indígenas en municipios como Manaure, lo que servirá de base para una planeación más precisa y sostenida en el tiempo.
Otro punto clave de la visita fue la participación en la II sesión conjunta de los comités técnicos del Mecanismo Especial de Seguimiento y Evaluación de las Políticas Públicas.
En este escenario se revisaron avances y retos de los programas de atención alimentaria, así como las estrategias para ampliar la cobertura en el departamento, en cumplimiento de decisiones judiciales como la Sentencia T-302, que obliga al Estado a brindar una respuesta integral a la crisis humanitaria de La Guajira.
En suma, la entrega de Alimentos y telas no se queda en la crónica de una jornada aislada. Es parte de un esfuerzo más amplio por reconocer la fuerza organizativa de las comunidades, en especial de las mujeres que lideran procesos productivos y turísticos, y por consolidar una presencia estatal que escuche, planifique y actúe junto a los pueblos indígenas.
Desde este enfoque, La Guajira no se mira solo como un territorio en déficit, sino como un espacio de dignidad que, con el apoyo adecuado, puede tejer su propio desarrollo. Para más información.

