En Norte de Santander, familias rurales mejoran su salud y su entorno gracias a Estufas Ecoeficientes y Paneles Solares que llevan menos humo, más luz y energía limpia a sus hogares.
La escena en muchas cocinas campesinas de Norte de Santander está cambiando de forma silenciosa, pero profunda. Donde antes el humo de la leña cubría techos de teja y paredes ennegrecidas, hoy se empiezan a ver equipos modernos que combinan fuego limpio e iluminación eléctrica.
Es la muestra de cómo las familias rurales pueden dar un salto hacia tecnologías más seguras y sostenibles cuando hay acompañamiento institucional y trabajo comunitario.
426 familias rurales
El proyecto que impulsa esta transición es liderado por la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental (Corponor), en articulación con varias alcaldías municipales.
A través de esta iniciativa se han instalado Estufas Ecoeficientes equipadas con Paneles Solares, diseñadas para que los hogares del campo puedan cocinar sin humo y, al mismo tiempo, generar la energía necesaria para iluminar sus viviendas y conectar pequeños aparatos.
En las veredas, los testimonios hablan por sí solos. Campesinos mayores que crecieron encendiendo fogones de leña al amanecer cuentan cómo las largas horas frente al humo afectaron su respiración y su vista.
Hoy, en esas mismas casas, preparar el desayuno ya no significa toser ni lagrimear. Las nuevas estufas permiten regular mejor la combustión, aprovechar el calor y reducir de manera notable el consumo de leña, algo que agradecen tanto la salud como los bosques.
Las familias rurales también destacan el impacto de la iluminación. Contar con bombillos encendidos en la noche, gracias a la energía captada durante el día, ha cambiado rutinas enteras. Niños que antes hacían las tareas a la luz de una vela ahora pueden estudiar con mayor comodidad, y los adultos se sienten más seguros al moverse por la casa y el patio cuando anochece.
Esa luz adicional se vuelve una herramienta para el estudio, el trabajo y la convivencia.
El componente ambiental es otro punto clave. Al disminuir el uso de leña, se reduce la presión sobre la cobertura boscosa y se protege la fauna que habita en esos ecosistemas. Menos árboles talados significa menos erosión, más agua y un entorno más estable para la agricultura de la que dependen estas comunidades.
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Corponor transforma vidas
Corponor insiste en que la educación ambiental y la participación de las comunidades son esenciales para que el proyecto no sea solo una entrega de equipos, sino un cambio de hábitos duradero.
Detrás de cada estufa instalada hay una historia distinta, pero todas coinciden en algo: la sensación de que la vida en el campo puede mejorar sin perder su esencia.
Las familias rurales de municipios como Arboledas, Cucutilla o Salazar de las Palmas ven en estas soluciones una oportunidad para seguir trabajando la tierra, pero con mejores condiciones de salud, seguridad y dignidad.
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Más allá de las cifras y los informes técnicos, este tipo de proyectos recuerdan que la transición hacia energías limpias también pasa por las cocinas humildes del campo. Allí, donde se prepara el alimento diario, es donde se siente primero el cambio: menos humo, más luz y una nueva esperanza de futuro para quienes habitan el territorio rural de Norte de Santander.

