Santander garantiza oportunidades reales: así se lleva la universidad a los colegios oficiales.
Santander garantiza educación
Así mismo, Santander garantiza que 6.257 jóvenes de colegios oficiales puedan iniciar una carrera técnica o profesional sin abandonar su municipio, ni asumir costos de matrícula que históricamente han sido una barrera para miles de familias.
Se trata de una apuesta que conecta los últimos grados del bachillerato con programas de formación superior, combinando inversión pública, articulación institucional y una fuerte presencia en territorios históricamente relegados.
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Entre 2025 y 2026, más de 6.200 estudiantes del departamento iniciarán estudios en distintas áreas del conocimiento desde sus propias instituciones educativas.
En lugar de desplazarse a las capitales o abandonar el estudio por falta de recursos, ahora pueden avanzar en su proyecto de vida aprovechando una oferta académica diseñada para responder a la vocación productiva de cada zona.
Agricultores, hijos de pescadores, jóvenes urbanos y rurales encuentran en esta estrategia un camino concreto para continuar estudiando.
Aumento en transferencias
Las transferencias de la Nación hacia las universidades públicas de Santander han aumentado de forma significativa en los últimos años.
El incremento de recursos supera el 50 % respecto a 2022 y se traduce en tres frentes clave: ampliación de cobertura para llegar a más municipios, fortalecimiento del funcionamiento de las instituciones y mejora de infraestructura, bienestar y permanencia estudiantil. No se trata solo de abrir cupos, sino de garantizar que los jóvenes se mantengan en el sistema y culminen sus estudios.
Cuatro instituciones públicas lideran esta transformación: la Universidad Industrial de Santander, la Universidad de la Paz, las Unidades Tecnológicas de Santander y el Instituto Superior de Educación Rural.
En conjunto, han estructurado 47 programas que llegarán a decenas de colegios en 30 municipios, combinando carreras universitarias con opciones técnicas y tecnológicas orientadas a sectores como el agro, la energía, la industria y los servicios.
Así, la oferta deja de ser genérica y se convierte en una herramienta para impulsar el desarrollo local en educación y Santander garantiza.
Puerto Wilches es uno de los ejemplos más claros del impacto de esta política.
En el Magdalena Medio santandereano, el municipio ha recibido inversiones por varios miles de millones de pesos para que sus jóvenes estudien sin pagar matrícula, logrando coberturas cercanas a la universalidad en los últimos periodos académicos.
Allí, cientos de estudiantes cursan programas relacionados con la producción agropecuaria y la biomasa energética mientras terminan el bachillerato, lo que les permitirá graduarse con doble titulación y mejores oportunidades laborales.
Este modelo responde a una realidad que había sido reiterada por las autoridades: solo una parte de los bachilleres ingresaba de inmediato a un programa técnico, tecnológico o universitario.
La estrategia de llevar la universidad al colegio busca cerrar esa brecha, reducir la deserción y evitar que la falta de dinero, la distancia o la inseguridad sigan siendo motivos para abandonar los estudios.
En particular, beneficia a quienes viven en veredas y corregimientos, muchos de los cuales recorren varias horas diarias para llegar a su institución educativa.
El papel del Ministerio de Educción Nacional es determinante en esta apuesta, tanto en la asignación de recursos como en el acompañamiento pedagógico y la definición de criterios de calidad.
A su vez, las universidades trabajan de la mano con las secretarías de educación municipales y departamentales para organizar horarios, adecuar aulas, definir prácticas y garantizar que las y los estudiantes reciban una formación pertinente y reconocida en todo el país.
Aunque el eje central de esta política son los programas académicos, también se abren puertas a otros apoyos complementarios, como becas de manutención o auxilios para transporte, dependiendo de la oferta disponible en cada institución y de la priorización de los estudiantes más vulnerables.
Esto refuerza la idea de que la permanencia no depende únicamente del acceso, sino de un acompañamiento integral durante todo el proceso formativo.
Las familias interesadas pueden acercarse a los rectores y orientadores escolares de los colegios articulados con las universidades, donde se explica el paso a paso para la inscripción y los requisitos específicos de cada programa.
Además, las alcaldías y las secretarías de educación municipales suelen habilitar jornadas informativas y puntos de orientación en los que se aclaran dudas sobre fechas, cupos y modalidades de estudio.
De esta manera, la apuesta por la Educación superior se articula con la política social y refuerza la posibilidad de que la juventud santandereana estudie, permanezca y se gradúe.

