El anuncio del nuevo salario mínimo para 2026, que pasa a denominarse oficialmente salario vital y se fija en 2 millones de pesos incluyendo el auxilio de transporte, marca un punto de quiebre en la política laboral colombiana.
La decisión, confirmada por el presidente Gustavo Petro en su alocución de fin de año, no solo redefine el ingreso mínimo, sino que reabre un debate estructural sobre el costo de vida, la productividad, la inflación y la distribución de la riqueza.
Más allá de la cifra, el cambio introduce un enfoque distinto: el salario deja de verse como un simple ajuste anual y se concibe como una herramienta para garantizar condiciones dignas de vida a los hogares trabajadores.
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Un aumento con fundamentos económicos y sociales
El incremento para 2026 no se calculó únicamente con base en inflación y productividad. Según el Gobierno, se incorporaron variables asociadas al bienestar real de los hogares, lo que da como resultado un aumento nominal cercano al 23,7 % y un crecimiento real del 18,7 %, una vez descontado el efecto del aumento de precios.
Sin el auxilio de transporte, el salario base será de 1.746.882 pesos, lo que representa un crecimiento del 22,7 % frente al año anterior. En términos históricos, se trata de uno de los mayores aumentos reales del salario mínimo en décadas.
Este enfoque se apoya en el artículo 53 de la Constitución de 1991, que establece el derecho a una remuneración mínima vital y móvil, y en los lineamientos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que define el salario vital como el ingreso necesario para cubrir alimentación, vivienda, salud, educación, transporte y otros gastos esenciales del hogar.
¿Qué podría subir con el nuevo salario?
Uno de los principales temores frente a un aumento significativo del salario mínimo es su posible traslado a los precios. Sectores sensibles como alimentos, arriendos y transporte suelen reaccionar rápidamente ante cambios en los costos laborales.
Alimentos: Estudios del Banco de la República en años anteriores muestran que los aumentos salariales pueden generar presiones moderadas en precios, especialmente en productos de alta rotación, aunque el impacto no suele ser proporcional al incremento salarial.
Arriendo: En Colombia, muchos contratos de arrendamiento se indexan al salario mínimo o a la inflación. Un aumento fuerte puede traducirse en ajustes más altos, sobre todo en zonas urbanas.
Transporte: El salario incide en costos operativos del transporte público y de carga, lo que podría reflejarse en tarifas.
Salud y medicamentos: El impacto suele ser indirecto, pero puede presentarse en servicios no regulados.
Vivienda: A largo plazo, un mayor ingreso mejora la capacidad de pago y el acceso al crédito hipotecario, aunque en el corto plazo podría presionar precios en algunos segmentos.
El Gobierno ha señalado que vigilará que los empresarios no trasladen el aumento salarial directamente al consumidor y que el crecimiento de las ganancias provenga de mayores ventas y productividad.
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¿En qué favorece al trabajador?
Para el trabajador, el salario vital representa beneficios claros:
- Mayor poder adquisitivo real, especialmente frente a la canasta básica.
- Reducción de la pobreza laboral, al acercar el ingreso mínimo al costo real de vida.
- Mejor acceso a vivienda, educación y salud, al aumentar la capacidad de ahorro y endeudamiento responsable.
- Mayor estabilidad social, al disminuir la presión económica sobre los hogares.
En palabras del presidente, para millones de trabajadores estos dos millones “significan la vida y la dignidad”.
¿Y para el empresario?
Aunque a primera vista el aumento implica mayores costos laborales, también abre oportunidades:
- Incremento del consumo interno, al haber más dinero circulando.
- Mayor demanda de bienes y servicios, lo que puede traducirse en mayores ventas.
- Incentivo a la productividad y formalización, especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
Experiencias en economías similares muestran que, cuando el aumento salarial es acompañado de políticas de productividad y control inflacionario, el impacto negativo en el empleo es limitado.
Consecuencias y retos
No todo es automático. Los principales riesgos son:
- Presiones inflacionarias si no se controla la especulación.
- Dificultades para pequeñas empresas con baja productividad.
- Necesidad de mayor vigilancia estatal y diálogo social.
Evolución del salario mínimo en Colombia
| Año | Salario mínimo (sin auxilio) | Variación aproximada |
|---|---|---|
| 2022 | $1.000.000 | — |
| 2023 | $1.160.000 | +16 % |
| 2024 | $1.300.000 | +12 % |
| 2025 | $1.430.000 | +10 % |
| 2026 | $1.746.882 | +22,7 % |
Comparación con economías similares
| País | Salario mínimo mensual (USD aprox.) | Enfoque |
|---|---|---|
| Colombia | 500–520 | Salario vital familiar |
| México | 415 | Recuperación del poder adquisitivo |
| Perú | 275 | Ajustes graduales |
| Ecuador | 460 | Enfoque en costo de vida |
El paso hacia un salario vital convierte el ingreso mínimo en una herramienta de justicia social y no solo económica.
Si el aumento se acompaña de control de precios, estímulos a la productividad y apoyo a las pequeñas empresas, el impacto puede ser positivo tanto para trabajadores como para empresarios.
El verdadero desafío de 2026 no será la cifra, sino lograr que esos 2 millones de pesos se traduzcan en mejor calidad de vida sin desatar una espiral inflacionaria. Ahí se jugará el éxito —o el fracaso— de esta apuesta histórica.
Fuente: Presidencia y Asistente IA ChatGPT

